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Evaluación de diferentes estrategias de uso de herbicidas para contribuir al manejo sustentable de malezas

Por: Santangelo, Miguel Ángel.
Colaborador(es): Zapiola, Maria Luz [tut.].
Publicación: 2021Descripción: 31 p. grafs., tbls., fot., mapas.Tipo de material: Tesis de posgrado de lectura en biblioteca. Recurso electrónico.Tema(s): MALEZAS | RESISTENCIA A LOS HERBICIDAS | ESTRATEGIA | BUENOS AIRES [PROVINCIA] | SANTA FE [PROVINCIA] | CORDOBA [ARGENTINA] [PROVINCIA] | SOJA | SOSTENIBILIDADT20210301 Recursos en línea: Haga clic para acceso en línea Nota de tesis: Trabajo Final. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Agronomía. Escuela para Graduados. Especialista de la Universidad de Buenos Aires en Cultivos de Granos. Especialización en Cultivos de Granos. 2021. Resumen: Las malezas son una de las adversidades que afectan la producción de los cultivos. Satorre y de La Fuerte (2016) definen como maleza a aquel genotipo, población o especie vegetal que por su distribución o abundancia interfiere en tiempo y espacio con las actividades humanas, generando efectos negativos en forma directa o indirecta.Dependiendo de la especie, la densidad de plantas presentes y el cultivo, las pérdidas de rendimiento causadas por las malezas pueden superar el 50% (Ponsa y Picapietra 2015 a y b). Con el objetivo de alcanzar rendimientos elevados, mantener la calidad de la producción y la sustentabilidad del sistema productivo es necesario establecer un apropiado sistema de manejo de malezas. Los herbicidas sintéticos (por ejemplo 2,4-D y MCPA) fueron desarrollados durante la segunda guerra mundial y comercializados por primera vez en 1944 (HRAC Argentina, 2015). Estos herbicidas facilitaron el control de malezas por las décadas siguientes, donde algunas especies fueron controladas eficazmente y otras lograron evolucionar, adaptarse y sobrevivir a estas aplicaciones. En la década del 60, en la región pampeana argentina, las malezas más frecuentes eran Amaranthus sp. L., Chenopodium album L., Echinochloa sp. P. Beauv., Datura ferox auct non L., Digitaria sanguinalis (L.) Scop., Sorghum halepense (L.) Pers. y Cynodon dactilon (L.) Pers. (León y Suero, 1962). En el año 1974 comenzó a comercializarse el glifosato, el cual se caracteriza por ser un herbicida de barbecho, de amplio espectro, sin residualidad y altamente eficaz para el control de malezas (Duke y Powles, 2008). En las décadas siguientes, llegaron al mercado nuevos herbicidas que actúan sobre diferentes sitios de acción. En búsqueda de eficacia de control, el productor agropecuario incorporó estos herbicidas, los utilizó y combinó en su estrategia de manejo de malezas. El sistema de siembra predominante era bajo labranza convencional, donde la remoción del suelo contribuía al control mecánico de malezas. En 1996, se empezaron a comercializar en Argentina las primeras variedades de soja transgénica tolerante a glifosato (RG). Años más tarde, se incluyó la tecnología RG en cultivos de algodón y maíz. Esta tecnología se caracteriza por permitir la aplicación de glifosato, no solo durante el barbecho, sino también en postemergencia del cultivo. En pocos años, la soja RG alcanzó alrededor del 99% del área sembrada y el maíz RG, en tan solo dos años de estar en el mercado, ocupó el 70% del área sembrada con este cultivo (Brookes y Barfoot, 2016; Trigo, 2016). Los cultivos RG se complementaron muy bien con el sistema de siembra directa, que estaba en desarrollo, pero el control mecánico de malezas fue saliendo de la ecuación del manejo de malezas. Con la implementación de estas nuevas tecnologías, el manejo de malezas dejó de ser una tecnología de procesos, sustentada en el conocimiento de su dinámica poblacional, para pasar a ser una tecnología basada en insumos. Se reemplazó el concepto de manejo de malezas por el de control de las mismas (Puricelli y Tuesca, 1997). Con el objetivo de eliminar la competencia, el control de malezas se realizó con la utilización de herbicidas fuera de un marco ecológico, sin considerar la relación tiempo-espacio en la que se produce el enmalezamiento (Guglielmini et al. 2003). Este era un enfoque muy frecuente en 2013, año en que se realizó la planificación de este trabajo. Como consecuencia del sistema utilizado, el espectro de malezas sufrió severos cambios y proliferaron malezas resistentes y tolerantes. Metzler et al. (2013), indicaron que la aplicación sucesiva y constante de herbicidas, sumado a la falta de consideración de las características de las malezas y el ambiente, además de no erradicar la problemática, trajo aparejado otros problemas más complejos, como el establecimiento y la proliferación de malezas tolerantes y resistentes. Según la Weed Science Society of America (2020), la resistencia a los herbicidas es la habilidad heredable de una planta de sobrevivir y reproducirse luego de la aplicación de una dosis de herbicida que normalmente sería letal para su especie de forma silvestre. Por otro lado, define a la tolerancia como la habilidad heredada de una especie para sobrevivir y reproducirse después de un tratamiento con un herbicida, al cual sobrevive de forma natural. Año tras año la situación de malezas fue complejizándose en las diferentes regiones. Si bien en 1995, se había confirmado en Argentina la resistencia a herbicidas inhibidores de la ALS en poblaciones de Amaranthus hybridus L. (Nisensohn y Tuesca, 2001), estas poblaciones resistentes no generaron grandes inconvenientes debido a la aparición del sistema RG. En 2005, también en Argentina, se confirmó la resistencia de poblaciones de Sorghum halepense a glifosato (Papa et al. 2008). A diferencia del caso de A.hybridus, este evento marcó un hito a partir del cual comenzaron a identificarse nuevas resistencias a distintos herbicidas y en otras especies de manera más frecuente. En 2018, Acciaresi y colaboradores realizaron un relevamiento de malezas tolerantes y resistentes en el noroeste de la provincia de Buenos Aires. El estudio indicó que en época primavero-estival Conyza sp. (L.) Cronquist se encontraba en el 100% de los lotes censados, Echinochloa colona (L.) Link, en el 98% y Amaranthus hybridus en el 87% de los mismos (Acciaresi et al. 2018). Con menor frecuencia se registraban biotipos de Eleusine indica (L.) Gaertn, Sorghum halepense y Zea mays L., como maleza del cultivo de soja. La rápida difusión de especies tolerantes y poblaciones resistentes dificulta, y en algunos casos limita, la producción de cultivos extensivos, impactando directa o indirectamente en los rendimientos alcanzados y en la calidad de la producción. Actualmente, la inversión necesaria para controlar malezas de manera eficaz es sustancialmente superior a la requerida durante los primeros años de la implementación del sistema RG. Según Palau et al. (2018), el costo de producción de base para un cultivo de soja en la región núcleo es de U$S 143/ha. En casos donde haya malezas resistentes es necesario invertir de manera adicional un promedio de U$S 66/ha, representando un incremento del 46% en el costo de producción. En 2013, la permanente aparición de nuevas resistencias y la propagación de especies tolerantes puso en evidencia dos cuestiones importantes: por un lado, la necesidad de incluir en el sistema de manejo a otros herbicidas adicionales y, por otro, la falta de práctica o conocimiento de cómo manejar esta problemática. La simplificación en el control de malezas llevó a que se perdiera el enfoque más sistémico de identificación de malezas en estadios tempranos, el conocimiento de los distintos herbicidas disponibles, sus espectros de control y los momentos óptimos de aplicación, así como el arte de combinarlos eficientemente. Según Fischer (2013), el manejo de la resistencia es una tarea a largo plazo que implica mantener un registro de las técnicas de control que se han empleado como base para la acción futura. Fischer (2013), Scursoni y Vila Aiub (2016) sugieren la utilización y el alternado de herbicidas que actúen sobre diferentes sitios de acción para reducir la presión de selección de biotipos resistentes. La investigación y la correcta implementación de sistemas de manejo de malezas permiten conservar a los herbicidas como herramientas útiles en el futuro. La implementación de buenas prácticas agrícolas (BPA), combinando métodos químicos, mecánicos, culturales y biotecnológicos, es clave para un manejo de malezas eficaz y sustentable. Frente a este escenario, entidades públicas y privadas trabajan en la búsqueda de estrategias adecuadas para el manejo de malezas. Cuando más diverso y holístico sea el enfoque del sistema de manejo de malezas, mayores serán las probabilidades de éxito.
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Trabajo Final. Universidad de Buenos Aires. Facultad de Agronomía. Escuela para Graduados. Especialista de la Universidad de Buenos Aires en Cultivos de Granos. Especialización en Cultivos de Granos. 2021.

Las malezas son una de las adversidades que afectan la producción de los cultivos. Satorre y de La Fuerte (2016) definen como maleza a aquel genotipo, población o especie vegetal que por su distribución o abundancia interfiere en tiempo y espacio con las actividades humanas, generando efectos negativos en forma directa o indirecta.Dependiendo de la especie, la densidad de plantas presentes y el cultivo, las pérdidas de rendimiento causadas por las malezas pueden superar el 50% (Ponsa y Picapietra 2015 a y b). Con el objetivo de alcanzar rendimientos elevados, mantener la calidad de la producción y la sustentabilidad del sistema productivo es necesario establecer un apropiado sistema de manejo de malezas.
Los herbicidas sintéticos (por ejemplo 2,4-D y MCPA) fueron desarrollados durante la segunda guerra mundial y comercializados por primera vez en 1944 (HRAC Argentina, 2015). Estos herbicidas facilitaron el control de malezas por las décadas siguientes, donde algunas especies fueron controladas eficazmente y otras lograron evolucionar, adaptarse y sobrevivir a estas aplicaciones. En la década del 60, en la región pampeana argentina, las malezas más frecuentes eran Amaranthus sp. L., Chenopodium album L., Echinochloa sp. P. Beauv., Datura ferox auct non L., Digitaria sanguinalis (L.) Scop., Sorghum halepense (L.) Pers. y Cynodon dactilon (L.) Pers. (León y Suero, 1962). En el año 1974 comenzó a comercializarse el glifosato, el cual se caracteriza por ser un herbicida de barbecho, de amplio espectro, sin residualidad y altamente eficaz para el control de malezas (Duke y Powles, 2008). En las décadas siguientes, llegaron al mercado nuevos herbicidas que actúan sobre diferentes sitios de acción. En búsqueda de eficacia de control, el productor agropecuario incorporó estos herbicidas, los utilizó y combinó en su estrategia de manejo de malezas. El sistema de siembra predominante era bajo labranza convencional, donde la remoción del suelo contribuía al control mecánico de malezas.
En 1996, se empezaron a comercializar en Argentina las primeras variedades de soja transgénica tolerante a glifosato (RG). Años más tarde, se incluyó la tecnología RG en
cultivos de algodón y maíz. Esta tecnología se caracteriza por permitir la aplicación de glifosato, no solo durante el barbecho, sino también en postemergencia del cultivo. En pocos años, la soja RG alcanzó alrededor del 99% del área sembrada y el maíz RG, en tan solo dos años de estar en el mercado, ocupó el 70% del área sembrada con este cultivo (Brookes y Barfoot, 2016; Trigo, 2016). Los cultivos RG se complementaron muy bien con el sistema de siembra directa, que estaba en desarrollo, pero el control mecánico de malezas fue saliendo de la ecuación del manejo de malezas.
Con la implementación de estas nuevas tecnologías, el manejo de malezas dejó de ser una tecnología de procesos, sustentada en el conocimiento de su dinámica poblacional, para pasar a ser una tecnología basada en insumos. Se reemplazó el concepto de manejo de malezas por el de control de las mismas (Puricelli y Tuesca, 1997). Con el objetivo de eliminar la competencia, el control de malezas se realizó con la utilización de herbicidas fuera de un marco ecológico, sin considerar la relación tiempo-espacio en la que se produce el enmalezamiento (Guglielmini et al. 2003). Este era un enfoque muy frecuente en 2013, año en que se realizó la planificación de este trabajo.
Como consecuencia del sistema utilizado, el espectro de malezas sufrió severos cambios y proliferaron malezas resistentes y tolerantes. Metzler et al. (2013), indicaron que la
aplicación sucesiva y constante de herbicidas, sumado a la falta de consideración de las características de las malezas y el ambiente, además de no erradicar la problemática, trajo aparejado otros problemas más complejos, como el establecimiento y la proliferación de malezas tolerantes y resistentes.
Según la Weed Science Society of America (2020), la resistencia a los herbicidas es la habilidad heredable de una planta de sobrevivir y reproducirse luego de la aplicación de
una dosis de herbicida que normalmente sería letal para su especie de forma silvestre.
Por otro lado, define a la tolerancia como la habilidad heredada de una especie para sobrevivir y reproducirse después de un tratamiento con un herbicida, al cual sobrevive de forma natural.
Año tras año la situación de malezas fue complejizándose en las diferentes regiones. Si bien en 1995, se había confirmado en Argentina la resistencia a herbicidas inhibidores de la ALS en poblaciones de Amaranthus hybridus L. (Nisensohn y Tuesca, 2001), estas poblaciones resistentes no generaron grandes inconvenientes debido a la aparición del sistema RG. En 2005, también en Argentina, se confirmó la resistencia de poblaciones
de Sorghum halepense a glifosato (Papa et al. 2008). A diferencia del caso de A.hybridus, este evento marcó un hito a partir del cual comenzaron a identificarse nuevas resistencias a distintos herbicidas y en otras especies de manera más frecuente.
En 2018, Acciaresi y colaboradores realizaron un relevamiento de malezas tolerantes y resistentes en el noroeste de la provincia de Buenos Aires. El estudio indicó que en época primavero-estival Conyza sp. (L.) Cronquist se encontraba en el 100% de los lotes censados, Echinochloa colona (L.) Link, en el 98% y Amaranthus hybridus en el 87% de los mismos (Acciaresi et al. 2018). Con menor frecuencia se registraban biotipos de Eleusine indica (L.) Gaertn, Sorghum halepense y Zea mays L., como maleza del cultivo de soja.
La rápida difusión de especies tolerantes y poblaciones resistentes dificulta, y en algunos casos limita, la producción de cultivos extensivos, impactando directa o indirectamente en los rendimientos alcanzados y en la calidad de la producción.
Actualmente, la inversión necesaria para controlar malezas de manera eficaz es sustancialmente superior a la requerida durante los primeros años de la implementación del sistema RG. Según Palau et al. (2018), el costo de producción de base para un cultivo de soja en la región núcleo es de U$S 143/ha. En casos donde haya malezas resistentes es necesario invertir de manera adicional un promedio de U$S 66/ha, representando un incremento del 46% en el costo de producción.
En 2013, la permanente aparición de nuevas resistencias y la propagación de especies tolerantes puso en evidencia dos cuestiones importantes: por un lado, la necesidad de incluir en el sistema de manejo a otros herbicidas adicionales y, por otro, la falta de práctica o conocimiento de cómo manejar esta problemática. La simplificación en el control de malezas llevó a que se perdiera el enfoque más sistémico de identificación de
malezas en estadios tempranos, el conocimiento de los distintos herbicidas disponibles, sus espectros de control y los momentos óptimos de aplicación, así como el arte de combinarlos eficientemente.
Según Fischer (2013), el manejo de la resistencia es una tarea a largo plazo que implica mantener un registro de las técnicas de control que se han empleado como base para la acción futura. Fischer (2013), Scursoni y Vila Aiub (2016) sugieren la utilización y el alternado de herbicidas que actúen sobre diferentes sitios de acción para reducir la presión de selección de biotipos resistentes. La investigación y la correcta implementación de sistemas de manejo de malezas permiten conservar a los herbicidas como herramientas útiles en el futuro. La implementación de buenas prácticas agrícolas (BPA), combinando métodos químicos, mecánicos, culturales y biotecnológicos, es clave para un manejo de malezas eficaz y sustentable.
Frente a este escenario, entidades públicas y privadas trabajan en la búsqueda de estrategias adecuadas para el manejo de malezas. Cuando más diverso y holístico sea el enfoque del sistema de manejo de malezas, mayores serán las probabilidades de éxito.

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